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Ver las 1001 películas del libro "1001 películas que debes ver antes de morir" y hacer un pequeño post sobre cada una. Puedes seguir mis progresos en esta lista

#1. Le voyage dans la lune / El viaje a la luna (1902)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 54
Restantes: 947
Vista en: 2008.
Lugar: No quieras saberlo.



Comenzamos aquí una serie de monográficos sobre los Orígenes del Cine usando como hilo conductor las primeras películas de la lista. Esperamos que les gusten.

Una tarde de diciembre

Aquel 28 de diciembre de 1895 el Boulevard des Capucines de París estaba atestado de gente. Ni la inestabilidad política ni las numerosas guerras que se estaban produciendo por todo el mundo y que en labios de algún agorero presagiaban el fin del mundo con el cambio de siglo, disuadían a los parisinos de entregarse con afán al consumismo propio de las fechas. Entre los atrayentes escaparates de las tiendas, en una equinita, se erigía el elegante Grand Café. Lugar común de reunión de la gente de clase que salía de la Opera o de la Iglesia de la Madeleine. Aquel día, sin embargo, había algo distinto en el Café. Inadvertido para la mayor parte de los viandantes se había colocado un pequeño cartelito que decía lo siguiente:
“Este aparato inventado por los señores August y Louis Lumière. Permite recoger, en series de pruebas instantáneas, todos los movimientos que, durante cierto tiempo se suceden ante el objetivo, y reproducir a continuación estos movimientos proyectando a tamaño natural, sus imágenes sobre una pantalla y ante una sala entera”
La mayoría de las personas que se tomaban la molestia de acercarse a leer el cartelito, no parecían impresionadas por la profusa descripción y continuaban su camino. Al fin y al cabo aquello era París, si algo no faltaba eran charlatanes y embaucadores que mediante algún juego de luces y espejos, conseguían embelesar a los pueblerinos a los que procedían a continuación a esquilmar hasta el último franco. George lo sabía bien, muchos le consideraban uno de ellos. En ese momento su carrera como ilusionista estaba en lo más alto; sin embargo tendría que encontrar pronto un nuevo espectáculo si no quería que su popularidad empezara a decaer. Por esa razón decidió entrar en el Grand Café aquel día y bajar los escaloncitos hasta el Salón Indien.


En la entrada un hombre de joven de unos treinta años con unos anteojos y prominente bigote le pidió un franco por la entrada. El Salón parecía bastante pequeño. Habían colocado varias filas de sillas plegables frente a un lienzo blanco apoyado en un caballete.  En el otro extremo de la sala justo opuesto al lienzo había un aparato parecido a una cámara fotográfica pero de mayor tamaño y con una palanca sobresaliendo de uno de sus laterales.  Observando minuciosamente cada parte de la máquina se encontraba un hombre de aspecto bastante parecido al de la puerta. La sala se encontraba prácticamente vacía, en total debía haber una treintena de personas. George reconoció algunos rostros, el señor Thomas, el director del Museo de Cera Grévin, el señor Lallemand, director del Folies Bergère (una sala de variedades) y Clément Maurice, reconocido fotógrafo de celebridades. Todos parecían incómodos de estar allí. Como si tuvieran cosas más importantes que estar allí perdiendo el tiempo con un juguete de física recreativa.

No sabiendo qué esperar, George tomó uno de los asientos centrales y al cabo de un rato el hombre de la puerta anunció a los presentes que la exhibición iba a comenzar. A continuación las luces se apagaron. La máquina del fondo comenzó a hacer ruido al tiempo que un haz de luz salía de la lente e iba a impactar contra la superficie blanca. Al principio, George sólo vio lo que parecían unas sombras en movimiento. Entonces empezó a distinguir algo. Era una muchedumbre, montones de personas saliendo de la pantalla. La gente en la sala se quedó completamente en silencio, extasiada. Una mujer se levantó para ceder el paso a los recién llegados. Pero en realidad no había nadie, sólo imágenes, fantasmagorías extraídas del exterior y lanzadas contra el lienzo por el aparato del fondo. Las imágenes cambiaron, dando lugar a un jinete tratando de montar un caballo. Pero George ya no estaba prestando atención. Su mirada se había desviado hacia el infinito; tratando de abarcar todas las nuevas posibilidades del invento de los Lumiéres…


¿Para qué sirve una cámara?

Según relata el propio George Méliès  una vez acabada la histórica velada se acercó a los Lumière y les ofreció 10.000 francos por una cámara. Los hermanos los rechazaron de plano (aquel día recibirían ofertas incluso mayores) según se cuenta con la frase “este invento sólo es una curiosidad científica sin ningún futuro”. La veracidad de dicha frase es cuestionable pero lo cierto es que para ser un invento “sin futuro” los Lumiére supieron sacarle una rentabilidad tremenda. Habían alquilado aquel saloncito del Grand Café por 30 francos y, aunque aquella noche sólo habían sacado 35, para la semana siguiente los ingresos diarios alcanzaban ya lo 2500 francos. La gente se agolpaba en colas enormes para poder ver una sesión de menos de 15 minutos. Además cuando salían a la calle buscaban amigos entre los viandantes para poder llevarlos a conocer la nueva experiencia.

¿Y qué era lo que tanto atraía a aquella gente al Salon Indiéen? Pues ni más ni menos que lo mismo que se podía ver en la calle todos los días: obreros saliendo de fábricas, partidas de póker, salidas y llegadas de trenes,… Porque en realidad lo que les atraía no eran los temas de aquellas peliculitas (que ninguna pasaba del minuto) sino el realismo con el que aquél aparato mágico reproducía las imágenes,  aquellas luces y sombras que se mezclaban para hacerte creer que estabas en otra parte. Poco a poco la gente fue demandando nuevas películas y los Lumière enviaron emisarios con cámaras a todos los rincones del globo. Así pronto la selva ecuatoriana, el desierto del Sahara o la estepa siberiana empezaron a tener cabida en la sala de proyección. Además se empezaron a registrar eventos sociales e históricos, como la Coronación del Zar Nicolas II dando origen así a los boletines de noticias.

En cuanto al perfil de la gente que acercaba al cine en un principio era una población muy diversificada: (aristócratas y gente adinerada se mezclaban con obreros y campesinos); pero pronto el cine conquistó las ferias y los music-halls con que el espectáculo se popularizó y así lo hicieron también los temas.  Un día a uno de los productores se le ocurrió grabar a una mujer desnudándose (nada demasiado pornográfico ya que ésta se quedaba en ropa interior que teniendo en cuenta la época todavía hacía falta echarle mucha imaginación) y encontró un autentico filón. Las películas subidas de tono entonces empezaron a amontonarse dando lugar a una pujante industria que ya nunca abandonaría el cine.  



Pero aparte de documentales más o menos castos y algún que otro intento de narrar historias bíblicas, nadie tenía mucha idea de qué hacer con un cámara. Realmente no existía una voluntad de contar historias. La cámara se ponía en algún sitio concurrido, se encendía, se recogía lo que pasara y eso era todo. “Grabar la vida tal cuál es” esa era la premisa con la que trabajaban los Lumière. Los pocos procesos creativos de la época surgieron por casualidad. Un operador se deja la cámara encendida en el tranvía e inventa el travelling. Un proyeccionista se equivoca montando una película y provoca que un muro se reconstruya sólo… Pero sólo eran curiosidades para el divertimento fugaz del público. Los Lumière proyectaron su última película en 1900 y se retiraron (bastante ricos eso sí) creyendo que ya habían explotado todo lo que se podía explotar con una cámara.  Gracias a dios vivirían para ver su error.

¡Mirad lo que puedo hacer!

George Méliès
Aquel día de 1895 George Méliès se quedó sin su cámara; pero eso no lo desanimó. El director del teatro Houdin siguió buscando una forma de conseguir una de aquellas maravillas tecnológicas. A la semana siguiente llegó a su conocimiento que un científico británico, Robert William Paul había desarrollado una cámara muy parecida a la de los Lumière. Además este señor no tenía ningún problema en venderle uno de sus Bioscopios (así los llamaba él) al “módico” precio de 1000 francos.
Así, por un décima parte de su oferta inicial, Georges tenía por fin su cámara. Entonces se enfrentó al mismo dilema de siempre ¿qué hacer con ella? En un principio, se dedicó a tomar escenas naturales al estilo Lumière, salidas de trenes incluidas. Un día de 1896, Georges estaba grabando en la plaza de la Ópera cuando el condenado aparato se atrancó. El ilusionista consiguió arreglarlo rápidamente y la máquina siguió con la película. Cuando volvió a casa y pasó la cinta, descubrió asombrado que como algunas personas desaparecían de pronto y un autobús se convertía en un coche fúnebre. Había descubierto sin proponérselo un truco de cine: el paso de manivela o stop-motion. Este truco, que es ni más ni menos que parar el rodaje cambiar la escena y seguir, es la piedra angular del cine de animación y de otros trucos como la sustitución.

Como buen mago, Méliès sabe sacar jugo de su decubrimiento y empieza a producir “escenas de transformaciones” que dejan al público perplejo (al fin y al cabo el púbico al igual que los Lumière todavía piensa que el cine solo “graba la vida tal cuál es”).  Gracias a este sencillo truco Méliès pudo grabar a señoras que desaparecen, mujeres que se transforman en el diablo y coches que atraviesan muros.

Pero la cosa no acabó ahí. Otra técnica desarrollada por Méliès fue el de la sobreimpresión. En este truco, primero se rueda la imagen que se quiere sobreimpresionar sobre un fondo oscuro y a continuación se utiliza la misma cinta para grabar la escena del fondo. Con este mecanismo Méliès consiguió grabar “fanstamas”, multiplicarse. Hay que decir que aunque el truco parezco un poco burdo, requería una coordinacinación muy grande ya que en cada toma Méliès tenía que recordar el punto exacto donde se encontraba en las tomas anteriores para hacerlas coincidir a la perfección.



Como se puede apreciar, todas las películas se ruedan sobre un escenario con una cámara fija desde la platéa. Los cineastas de esta época todavía no comprendían la diferencia entre el nuevo arte y el teatro. Sin embargo, Méliès sí aprendió a mover la cámara y cambiar los planos, aunque sólo fuera para hacer crecer objetos, otro de sus trucos.




Además de sus aportaciones técnicas (a las que hay que unir la utilización de decorados, maquetas y el coloreado manual de los fotogramas), Méliès tambíen fue el fundador de varios géneros cinematográficos como la ciencia ficción, el género fantástica o el cine de terror. Así, por ejemplo, suya es la primera película de terror de la historia (con vampiro incluido): La Manoir du Diable (1896).



Méliès también creó el primer estudio de cine de Europa. Era una especie de invernadero con las paredes de cristal para permitir la entradas de la luz natural (más adelante se le incorporaría un rudimentario tendido eléctrico). Ahí dentro inició una serie de películas más ambiciosas en las que combinando el uso de las técnicas aprendidas (y que hasta ahora habían sido el fin último de su obra) acometió la tarea de contar historias. Historias principalmente de índole fantástico como Cenicienta (que le supuso un gran reconocimiento internacional), 200.000 leguas bajo el mar o El viaje a la Luna (que es la película que nos ha servido de excusa para este especial). Esta última era lo que para la época se podía considerar una “superproducción” con una duración de unos espectaculares 12 min! (cuando la mayoría de películas de esta época no duraba más de 3) y un coste de 10.000 francos. La película supone un hito de la incipiente historia del medio en tanto que tiene la voluntad de narrar algo. Las distintas escenas puestas una tras otras (aunque sin mucho orden, véase el doble alunizaje, por ejemplo) poseen un propósito y un argumento colectivo. No son ya escenas naturales o simples trucos de ilusionismo; sino que por primera vez se empieza a usar el cinematógrafo para hacer cine (aunque la primera película en su concepción actual todavía queda lejos).



La película fue un aténtico bombazo e hizo muldialmente famoso a Méliès. Desgraciadamente, en el plano económico, no le reportó los beneficios que esperaba debido a que Edison y su cuadrilla (ya tendremos ocasión de hablar de estos señores en el próximo capítulo) hicieron copias no autorizadas y la distribuyeron impunemente. A resultas de ésta y otras funestas empresas, Méliès acabó arruinado y terminó sus días llevando una juguetería en la estación de Montparnasse.  Un triste final para unos de los padres del séptimo arte.

Gracias a George Méliès el cine dio otro paso de gigante para convertirse en un arte. Lo dotó de una imaginación de la que sus progenitores carecían y supo ver y hacer ver que aquel aparato de física recreativa sí tenía futuro y era un futuro lleno de magia.

Extras

#266. 雨月物語 / Ugetsu Monogatari / Cuentos de la luna pálida (1953)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 53
Restantes: 948
Vista en: 2011.
Lugar: Facultad de Ciencias (Universidad de Granada).



Genjurô y Miyagi son dos aldeanos del Japón feudal. Uno trabaja de alfarero y sueña con hacerse rico y el otro aspira a ser un sámurai reconocido. Sus sueños se verán truncados y sus familias separadas debido a las guerras civiles que asolan el país.

Una encantadora película donde lo cotidiano se mezcla con lo sobrenatural. El ambiente casi mágico que rodea a los personajes le confiere cierta cualidad etérea que casa muy bien con lo que está contando. La historia tiene un poco de cuento de hadas y mucho de fabula moral, defendiendo los valores familares frente a la ambición y los placeres pasajeros. Así, los personajes, guiados por su sueños y ambiciones personales, dejan de lado el hogar familiar y sus responsabilidades y esto tendrá consecuencias nefastas en su vida y en sus seres queridos. Consencuencias de las que, como no podía ser de otra forma, sólo serán conscientes al final. Resulta cautivadora y dentro de lo que suele ser el montaje japonés tradicional, no se hace demasiado lenta.

En Occidente se la conoce por ser uno de los primeros films japoneses en tener gran repercusión más allá de sus fronteras, llegando a ganar el León de Plata a la Mejor Dirección y a estar nominada a los Oscars (eso sí sólo por Vestuario en B/N y no ganó, una pena).

Su director, Kenji Mizoguchi, fue uno de los padres del cine japonés. Esta película corresponde a su última época cuando, dejando al margen los temas reivindicativos y sociales, se interesa por los dramas de época y espirituales. Su estilo se caracteriza por planos largos y escenarios recargados con atención casi obsesiva por los detalles. Estás características se pueden observar bien en la película.

En definitiva una película muy recomendable tanto por su historia como su relevancia histórica.

#813. El misterio Von Bülow / Reversal of Fortune


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 52
Restantes: 949
Vista en: 2010.
Lugar: Facultad de Ciencias (Universidad de Granada).


"If the rules don't work, you change them./
Si las reglas no funcionan, se cambian"

La rica heredera Sunny von Bülow (Glen Close) es encontrada  en estado comatoso en su cama una mañana. Todo parece indicar que ha sido víctima de un intento de homicidio y el principal sospechoso es su marido Claus Von Büllow, un aristócrata venido a menos que podría estar interesado en la fortuna familiar de Sunny. Claus, buscando limpiar su nombre, contrata a un abogado de férreos principios morales...

Tengo que confesar que no sabía absolutamente nada de la película antes de verla y ha sido un auténtico descubrimiento. El argumento es muy original y da vueltas a la idea de "la duda razonable". En el largo relato inicial de la víctima uno acaba con la impresión de que el caso está resuelto, que no puede existir otro resultado que el de la sentencia condenatoria de Claus von Bülow. Se nos presenta hasta tal punto como culpable inevitable del intento de asesinato de su mujer, que nos resulta inmoral que un abogado esté buscando exculparlo. Varios personajes lo sacan a relucir varias veces al principio de la película a lo que Alan Dershowitz (Ron Silver) suele responder con respuestas del tipo "todo el mundo tiene derecho a una defensa", etc. En realidad la película intenta evitar aludir de lleno al problema moral al principio, porque la respuesta se irá haciendo patente en la mente del espectador conforme la película se vaya desarrollando. Y es que, a lo largo de la historia, lo que empezó como una certeza se va diluyendo en incertidumbre. De tal forma que al final no podemos estar seguros de la realidad de lo acontecido, sigue siendo probable que Von Bülow fuera el responsable del coma de su mujer pero ya no podemos asegurarlo tan firmemente como al principio. Es este el punto clave de la historia.

Jeremy Irons hace un papel extraordinario como frío y contenido "gentleman" británico. Todo, desde la forma de hablar hasta la manera de moverse, es perfecto. Uno tiene todo el rato la impresión de estar delante de uno de esos rancios lores ingleses. No sólo el aspecto físico está muy conseguido sino también el psicológico. No es de extrañar que la actuación le valiera un Oscar y un Globo de Oro.

El director es Barbet Schroeder que luego haría "Mujer soltera blanca busca" antes de volver a las películas de bajo presupuesto.

En definitiva, una película ya casi olvidada que merece la pena rescatar.

#749. Platoon (1986)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 51
Restantes: 950
Días: 1 año y un mes.
Vista en: 4 de Marzo de 2011.
Lugar: Facultad de Ciencias (Universidad de Granada).

 

Hoy tenemos la mejor película de 1986 según la Academia.

Un chico llamado Chris Taylor (Charlie Sheen) es enviado junto con otros reclutas a un destacamento en el frente de Viet-Nam. Pronto descubre lo poco que vale la vida de un novato en la guerra y tendrá que aprender a sobrevivir en un ambiente hostil donde los enemigos no sólo se encuentran en el otro lado de la trinchera...

Se la considera una de las mejores películas bélicas de la Historia. Como el género bélico no es uno de mis puntos fuertes no sé si podría llegar a tanto. Lo que si reconozco es que es bastante realista sin resultar desagradable. No utiliza el realismo como una excusa para exhibir miles de cuerpos mutilados y lanzar litros de sangre a la cámara. De hecho la película se centra más en el aspecto psicológico de los personajes, en cómo viven el día a día en territorio enemigo, siempre en tensión y con la única esperanza de de terminar la misión con vida (es escalofriante ver que todos llevan la cuenta de los días que le faltan para volver a casa).

El hilo conductor de la historia es el recluta Chris Taylor (Charlie Sheen). Las cartas que escribe a su familia son un reflejo de como la guerra va alterando la percepción del joven soldado. Al principio, no son más que una narración pormenorizada de su adaptación al destacamento y a la vida en la selva. Con el tiempo va maquillando cada vez más detalles de su vida con el objetivo de no preocupar a su familia; hasta que finalmente deja de escribir, quizás porque no se le ocurre nada agradable que contar.

Parte de la culpa de la destrucción moral del chaval la tiene la nefasta influencia del Sargento Barnes (Tom Berenger) y el ambiente cainita que ha provocado en el grupo a resultas de su enfrentamiento personal con el Sargento Elias (William Dafoe). Ambos son los dos extremos del estereotipo de lo que es un sargento. Mientras Elias es un hombre de principios inquebrantables que siempre cuida del estado físico y anímico de sus soldados y que nunca ataca a civiles; mientras que Burnes es un hombre despiadado que ve enemigos por todas partes y utiliza a sus hombres como carne de cañón. Sin embargo, estas mismas cualidades que le valdrían el rechazo y el ostracismo en cualquier sociedad civilizada, son las que le han permitido sobrevivir tanto tiempo donde tantos compañeros suyos han caído. Es esta la dura realidad que encierra la película. Lo que la guerra exige de los seres humanos es precisamente aquello que le impide vivir en sociedad.

Los dos personajes anteriores destacan dentro de un reparto coral donde todos los actores se parecen hasta físicamente. Los uniformes, cascos,… hacen que algunos de ellos sean irreconocibles (no me enteré de que Johnny Depp participaba en la película hasta que salieron los créditos). Las mejores escenas de la película son aquellas en la que participan los actores en grupo como la estremecedora escena de la aldea o el asalto final.

El hecho de que la historia sea tan realista se debe a que está basada en las experiencias del director Oliver Stone en Viet-Nam y tardó mucho tiempo en realizarse porque los estudios de cine no tenían demasiado interés en la guerra Viet-Nam ("la guerra que EEUU perdió"). De hecho, fue la primera película sobre Viet-Nam realizada por un veterano de esa guerra y ganó el Oscar a Mejor Película, Dirección y Cinematografía.

Oliver Stone todavía haría dos películas más sobre Viet-Nam (Nacido el Cuatro de Julio y El Cielo y la Tierra) antes de poder exorcizar definitivamente sus demonios. Las tres son una auténtica desmitificación del género bélico.

#122. Caballero sin espada / Mr. Smith goes to Washington (1939)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 50
Restantes: 951
Días: 1 año
Vista en: 7 de Marzo de 2011.
Lugar: DVD (Casa de un amigo).

"Lost causes are the only ones worth figthing for. /
las causas perdidas son las únicas por las que vale la pena luchar"

Película número 50 y primer aniversario del blog. Para celebrar tan magno acontecimiento, hoy traigo una de mis favoritas.

Uno de los senadores de un estado de EEUU ha fallecido en el momento en el que se iba a pasar una ley un tanto sospechosa.  Los poderes interesados detrás de esta ley presionan al gobernador del estado para que elija a “un sustituto manejable”. El gobernador acaba decidiéndose por Jeffrey Smith (James Stewart), un joven e idealista instructor de boy scouts que nunca antes ha salido del estado.

 Sin embargo, los que ostentan el poder pronto se darán cuenta que ese joven soñador medio paleto es el peor adversario que podían haber elegido…

Antes de nada, quiero hacer referencia a lo apropiado del título en castellano. Porque Mr. Smith es ni más ni menos que un caballero de los de lanza en astillero. Un moderno "Don Quijote" que lucha contra terroríficos gigantes disfrazados de inamovibles molinos de viento. Un idealista que ve el mundo como debería ser en vez de como es. Un ser patético para aquellos que lo corrompen día a día y digno de compasión para los que alguna vez fueron como él pero acabaron siendo absorbidos por el sistema. Sin embargo, Mr. Smith es distinto. Mr. Smith no se arruga ante la adversidad. No importa cuántos reveses sufra, cuantas penalidades supere, el persistirá en su lucha. Quizás porque es un iluso que no concibe un mundo distinto al que él se imagina. Quizás porque no sabe cuando rendirse. Quizás porque sabe que si el cae, los gigantes atacaran a los inocentes que sólo ven molinos. En cualquier caso, si la derrota llega será porque su cuerpo falle donde su espíritu prevalezca.

Ni que decir tiene que James Stewart hace uno de los mejores papeles de su carrera. La inocencia y el idealismo que desprende en las primeras escenas unido a la fuerza y el coraje que demuestra en la escena climática le confieren al personaje un carisma que ya lo quisieran para sí muchos políticos.

El papel de Jean Arthur es algo más sutil pero igualmente soberbio. Su personaje es un ángel caído. Una víctima de la corrupción endémica propia de la política ("Look, when I came here, my eyes were big blue question marks. Now they're big green dollar marks. / Cuando llegué a Washington eran grande signos de interrogación azules, ahora son verdes como el dólar"). El tiempo pasado entre despachos le ha vuelto una escéptica. Sin embargos, sus ojos se iluminan cuando Mr. Smith le habla de los verdes pastos mecidos por el viento de su estado. Al final, ella misma, que había sido elegida para mantener a Mr. Smith "adormecido", acaba cuestionándose sus creencias.

Estas magníficas interpretaciones se sostienen sobre unos diálogos prodigiosos. Se podría llenar un libro entero con citas memorables de la película. El cuasi-monólogo de Stewart en la última escena debería figurar en los libros de Historia para enseñar a los niños a luchar por sus creencias.

Just get up off the ground, that's all I ask. Get up there with that lady that's up on top of this Capitol dome, that lady that stands for liberty. Take a look at this country through her eyes if you really want to see something. And you won't just see scenery; you'll see the whole parade of what Man's carved out for himself, after centuries of fighting. Fighting for something better than just jungle law, fighting so's he can stand on his own two feet, free and decent, like he was created, no matter what his race, color, or creed. That's what you'd see. There's no place out there for graft, or greed, or lies, or compromise with human liberties. And, uh, if that's what the grownups have done with this world that was given to them, then we'd better get those boys' camps started fast and see what the kids can do. And it's not too late, because this country is bigger than the Taylors, or you, or me, or anything else. Great principles don't get lost once they come to light. They're right here; you just have to see them again! /

Simplemente levántense, es todo lo que pido. Levántense y acérquense a ver a la señora que está encima del Capitolio, representa la libertad. Miren a este país a través de sus ojos si realmente quieren ver algo importante. Y no sólo verán el paisaje, verán todo los que el Hombre ha conseguido para sí mismo tras siglos luchando. Luchando por algo mejor que sólo la ley de la jungla, luchando por sostenerse por su propio pie, libre y decente como fue creado, sin importar su credo, color o raza. Eso es lo que verían. No hay lugar ahí para los chanchullos, la codicia, las mentiras o los compromisos con las libertades humanas. Y si es lo que los adultos han hecho con el mundo que les dio, entonces mejor que empecemos rápido con estos campamentos y veamos que pueden conseguir los niños. Y aún no es tarde porque este país es más grande que todos los Taylors o que tú, yo, o cualquier otra cosa. Los grandes principios no se pierden cuando salen a la luz. Están justo ahí, sólo que mirarlos otra vez!

Es una película para enseñarnos el valor de la libertad y la justicia y recordarnos cuan frágiles son cuando dejamos que otros dirijan nuestro pensamiento y nuestros actos.

Y también para enseñarnos a no desfallecer nunca. A seguir adelante aunque los demás te aconsejen que abandones.

A cargar contra los gigantes a pesar de que los demás sólo vean molinos.

Y con esta película mis gigantes se han hecho un 5% más pequeñitos :)

 
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