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Ver las 1001 películas del libro "1001 películas que debes ver antes de morir" y hacer un pequeño post sobre cada una. Puedes seguir mis progresos en esta lista

#620. Annie Hall (1977)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 57
Restantes: 944
Vista en: 25 de Abril de 2012.
Lugar: En casa.


"A relationship is like a shark. It has to constantly move forward or it dies. /
Una relación es como un tiburón. Tiene que avanzar todo el rato o se muere."
Alvy, es un neurótico comediante de Nueva York que se ha divorciado dos veces de mujeres demasiado intelectuales. Gracias a un amigo común, conoce a Annie, una chica de buen corazón algo cabeza hueca. Él le enseñará a ella cosas sobre arte, literatura,... y ella le enseñara a él a divertirse y ver la vida con otros ojos.   

WOODY ALLEN II. Hacia la madurez.
(primera parte)  (tercera parte)

ANNIE HALL (1977)

En 1975 Woody Allen estaba en la cresta de la ola como comediante. Sus películas tenían una gran acogida y el público las consideraba tremendamente hilarantes. Sin embargo, Woody se sentía algo cansado de hacer películas de gags donde la historia y la emotividad se sacrificaban en el altar de la risa. Entonces tomó una decisión que cambió completamente su carrera: su siguiente película no sería una comedia.
“fue un cambio de orientación muy importante para mí. Tuve el valor de abandonar… el hacer el payaso sin más y la seguridad de la comedia atrevida sin más. Me dije “Creo que voy a intentar hacer una película más profunda y no ser tan gracioso de la misma manera. Y quizás salgan a la luz otros valores que sean interesantes o beneficiosos para el público”

Sin ser tampoco un drama profundo, Annie Hall habla de las relaciones de pareja, de sus sinsentidos, de sus alegrías y sinsabores. En la película se nos muestra todo el desarrollo de la relación de Annie y Alvy desde el principio hasta el final. Observamos desde cómo se conocen, cómo se enamoran, con sus  inseguridades iniciales y su curiosidad mutua, hasta el decaimiento, el hastío y finalmente la ruptura. Todo ello expuesto con un lenguaje directo que la gente puede identificar como propio. Así esta relación entre Alvy y Annie es como otra cualquiera puede tener. Con los mismos problemas, los mismo miedos y las mismas necesidades.

“Sentía instintivamente que una película en la que me dirigiera directamente al público y hablara personalmente de mis problemas les interesaría, porque tenía la sensación de que muchas de las personas del público tenían los mismos sentimientos y los mismos problemas.”

Alvy
Aunque desmentido hasta la saciedad por sus protagonistas, esta relación entre los dos protagonistas tiene muchos puntos en común con la que mantuvieron los propios actores: Diane Keaton y Woody Allen. Al igual que Alvy, Allen ya había estado casado dos veces cuando conoció a Diane. Ninguno de los dos matrimonios acabó bien: de Harlene Rosen se separó cuando ésta le denunció por utilizarla constantemente en sus monólogos (referida en ellos como “la temible Sra Allen”) y de Louise Lasser, cuando ésta se obsesionó con el suicidio de su madre (aunque esta circunstancia no le impidió aparecer en Bananas y Todo lo que…). Además, Alvy también es monologuista y guionista de otros cómicos al igual que lo fue Allen en sus primeros tiempos y también lleva “quince años de psicoanálisis a cuestas”.

Annie Hall
Por otro lado, Diane Keaton no sólo comparte apellido con su personaje (su nombre real es Dianne Hall) sino también mucha de su personalidad. Al igual que Annie, Diane es excéntrica, soñadora, tiene un sentido personal de la moda y siente atracción por el mundo de la música y Hollywood. Incluso la familia de Annie fue elegida por su parecido con la de Diane. Por último, según la propia Keaton, ella también empezó a visitar al psicoanalista como recomendación de Allen.

Sin duda, está película representa un paso adelante en la evolución del director. No sólo por la historia en sí sino también a nivel técnico gracias a dos profesionales con los que trabaja en su desarrollo: Marshall Brickman (co-guionista de ésta, El dómilón, Manhattan y Misterioso asesinato en Manhattan) y Gordon Willis (jefe de fotografía de El Padrino). Junto con Marshall, Allen se atreve a romper la cronología de la historia insertando escenas de su infancia, imágenes partidas, escenas de dibujos animados y hasta subtítulos con los pensamientos de los personajes. En otro término, Gordon le enseña a jugar con la iluminación, las sobras, los fundidos,… A partir de Annie Hall las películas de Allen cobran una gran fuerza visual que se hará patente en su siguiente película Interiores.
Alvy "domando" a una langosta
Por último, cabe reseñar que todos los elementos característicos del cine de Woody Allen están ya presentes, y por primera vez, todos juntos en la película: Manhattan, el psicoanalista, el pesimismo (“la vida se divide entre lo horrible y lo miserable”), la osesión con la muerte, la repulsión hacia California, Wagner,…

La película fue un auténtico bombazo en taquilla y  según muchos críticos suele ser “la película favorita de Allen de casi todo el mundo”. Ese año ganó cuatro Óscars: Diane Keaton por Mejor Actriz, el productor Charles H. Joffe por Mejor Película y Woody Allen por Mejor Guión y Dirección (Woody también estaba nominado a Mejor Actor, de haberlo logrado habría sido el primero en la historia en obtener los tres premios). Sin embargo, Allen no va a recogerlos porque tiene su concierto de los lunes en Nueva York. En realidad, cada día se aleja más de los medios y concede menos entrevistas. El director se vuelve cada vez más ermitaño.



INTERIORES / INTERIORS (1978)

Después del éxito de Annie Hall, Woody Allen quiso ir más allá en su distanciamiento de la comedia y acometió la que sería su primera película dramática: Interiores.


Interiores habla de una familia de tres hermanas, todas dedicadas al arte, y de cómo asimilan la noticia de que su padre ha decidido separarse de su controladora y mentalmente inestable esposa, Eve. Esta mujer (interpretada por Geraldine Page) es decoradora de interiores y su gusto decorando expresa su personalidad. Obsesionada por los tonos tierra y los colores suaves, lo impregna todo a su alrededor de una terrible frialdad y rigidez. En la película, ella representa la muerte, una muerte espiritual que devora poco a poco la vitalidad de las personas que la rodean. Cuando su marido que se ha pasado años viviendo con ella decide por fin separase decide buscar una pareja más vital. 
“Creó un mundo alrededor de nosotros en el que existíamos… en el que todo tenía su lugar, en el que siempre había una especie de armonía. Una gran dignidad… Era como un palacio de hielo” 
Eve, una mujer fría y obsesiva
Sin embargo, sus hijas tienen que seguir lidiando con ella y con la situación creada. Cada una de ellas lo hace a su manera. Flyn, la pequeña (interpretada por Kristin Griffith), que actúa en telefimes, prefiere alejarse y sumergirse en el superficial mundo del espectáculo. Renata (Diane Keaton), la mayor, es una reconocida escritora y normalmente utiliza su arte para expresarse. Sin embargo, ahora está atravesando por una depresión en parte debido a que teme acabar como su madre. Temor justificado por el egoísmo y la frialdad que demuestra hacia los demás (sobre todo su marido y Joey). Por último está Joey (Mary Beth Hurt), la mediana, cuya personalidad es la más emocional de las tres. Como dice el propio Allen, ella es la única que puede salvarse de la influencia de su madre. Sin embargo, se siente frustrada porque es incapaz de expresar sus emociones al no tener talento para el arte. Además es la que tiene que cuidar de Eve, por la que siente un profundo amor aunque ésta  la desprecie continuamente.

Joey, Renata y su madre Eve

Interiores es, como su nombre indica, una película intimista y terriblemente claustrofóbica. Toda la cinta está rodada en espacios cerrados y con una iluminación muy tenue, la única imagen exterior es ese mar embravecido que no encuentra descanso. Toda la fotografía invita a la reflexión, a la exploración de los sentimientos de éstas pobres almas perdidas. 

Allen y Willis, dos genios en su campo
La belleza de la iluminación de la película y los decorados se debe en gran medida a Gordon Willis, jefe de fotografía, con él Woody inicia su primer intento de rodar una película al “estilo europeo”. Sin duda, la influencia de Ingmar Bergman se nota en toda la cinta. El héroe de juventud de Allen recibe aquí un sentido homenaje. Aunque es posible que no fuera premeditado y Allen simplemente recurriera a un estilo que conocía bien para acometer su primer drama.

Como era de prever la película fue un fracaso de taquilla y crítica. El público americano simplemente no estaba preparado para que su mayor estrella cómica les ofreciera este drama tan denso e intelectual. Muchos le acusaron de pretencioso y de ser demasiado ambicioso. Los productores tampoco están muy contentos y empiezan a presionar a Allen como nunca antes. Sin embargo, Woody ha dado un paso del que nunca dará marcha atrás. Con el tiempo dejará de escribir chistes para el New Yorker (actividad que venía realizando desde los cincuenta) y abandonará sus ocasionales apariciones teatrales. A partir de ahora Woody se dedicará a su cine. Tanto si gusta, como si no.  
“Interiores era lo que yo quería hacer y lo mejor que podía hacerlo en ese momento. […] Creo que ahora podría rehacer la película y hacer que fuera un éxito”

#569. El dormilón / Sleeper (1973)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 56
Restantes: 945
Vista en: 17 de Abril de 2012.
Lugar: En casa.




"If I don't get at least 600 years, I'm grouchy all day/
Si no duermo por lo menos 600 años, estoy de mal humor todo el día"


Miles Monroe (Woody Allen) que había ingresado en el hopital por una operación rutinaria, se despierta 200 años en el futuro tras un proceso de hibernación. Pronto Miles se da cuenta de que el país está gobernado por un líder fascista llamado el Jefazo que sometida a toda la población en un estado de apatía. Con la involuntaria ayuda de Luna (Diane Keaton), una snob de clase bien, Miles intentará acabar con el poder del Jefazo.
Nota: Es mi intención aprovechar las seis películas de Woody Allen que hay en la lista para desarrollar un especial sobre el director donde hablaremos también del retos de films. Pero no te preocupes, si sólo has venido aquí buscando información de El dormilón, la primera parte está dedica a ésta película.

Sin duda la película más conocida de la primera época de Woody Allen. Una época marcada por las películas de gags donde se perdía la complicidad del espectador a cambio de la carcajada. Sin embargo, en esta película sí que se produce algo de conexión emocional entre los personajes y el espectador, merced a la extraordinaria química entre Diane Keaton y el propio Allen.  Keaton supone un soplo de aire fresco frente a las dos anteriores compañeras profesionales del director.  Mientras Janet Margolin (Toma el dinero y corre) y Louise Lasser (Bananas, Todo lo que..., segunda mujer de Allen) hacían un papel más secundario casi como objetos de deseo ideales e inalcanzables; el personaje de Keaton tiene una gran profundidad y se equipara en importancia al de Allen. Se trata de una mujer del futuro que ha vivido toda su vida “aletargada” más interesada por las fiestas que por la política. A través de Allen descubrirá la verdadera naturaleza del mundo en el que vida y la falsedad de su existencia pasada.

Woody y Diane, en esta época ya no eran pareja

La inclusión de Diane Keaton, al ser principalmente una actriz cómica, también hace que el peso de los gags se reparta a partes iguales entre los dos protagonistas. Liberando con ello a Allen de una importante carga cómica que le permite desarrollar más su personaje arquetípico. Así, aquí no sólo es un neurótico amante de un estilo de vida alternativo sino que además es un refugiado de otra era que se siente completamente perdido en este mundo futurista y neofascista.  Parte del encanto del personaje es que sirve de puente entre el mundo conocido por el espectador y el que se describe en la película. Así todos los comportamientos chocantes, todos los sucesos extraordinarios son apuntados por Allen, erigido aquí en portavoz del público.
Allen y la "esfera del placer"

En cuanto a la historia en sí, se trata de una hilarante parodia de conocidas obras de ciencia ficción como 1984, 2001: Una odisea en elespacio, La naranja mecánica, etc. Además le sirve al director para hacer una crítica de ciertos aspectos de la sociedad actual como la ineptitud de los gobernantes y la apatía ciudadana hacia la política (temas intemporales, éstos). También le permite expresar su particular opinión sobre Dios (que “gobierna en todas partes salvo en ciertas zonas de Nueva Jersey”), la Ciencia (“un motón de señores muy serios diseccionando ranas”) o la política.

La música está compuesta por Woody Allen y su banda de Jazz “The Ragtime Rascals” con la que toca el clarinete todos los lunes en un conocido club neoyorquino.

Es resumen, es una película desternillante e imprescindible. Como nota curiosa la película estaba pensada originalmente para durar el doble con la primera parte dedicada a mostrar la vida del personaje de Allen en el presente; pero Woody desechó la idea al no estar habituado a escribir y dirigir una película de más de una hora y media.

 

WOODY ALLEN I. El cineasta que surgió de la risa.
(segunda parte)

Allan Stewart Konigsberg nació en Brooklyn el 1 de diciembre de 1935. Sus padres venían de una familia de inmigrantes judíos y sencillamente no se soportaban. Su padre sólo conseguía trabajillos de poca monta y poco limpios y su madre, que había renunciado a sus estudios para llevar la casa, pagaba sus frustraciones con el pequeño. Su relación familiar fue tan mala que en la mayoría de sus películas la infancia de su personaje está llena de tristeza y resentimiento (por ejemplo, en Toma el dinero y corre los padres del protagonista aparecen con una máscara porque están avergonzados de su hijo). 

Con este panorama en casa, el chico se refugió en el cine. Según cuenta, en esa época había como veinticinco cines en su barrio (su favorito era el Kent que sale en La Rosa Púrpura del Cairo) y él iba muy asiduamente:
“A veces iba cuatro, cinco y seis veces por semana, o todos los días, tantas como el dinero que podía arañar. Siempre había un programa doble. ¡Y me encantaba!”

El cine Kent, el favorito de Allan
No era una mala época para hacerse cinéfilo, por cierto. Eran los años de la Edad de Oro de Hollywood y el joven Allan devoraba las películas de Fred Astaire, Humphrey Bogart, James Cagney, James Stewart, Gary Cooper,… Pero de todas ellas hubo unas que le marcaron profundamente: las películas de los Hermanos Marx y el cine europeo (en especial, Igmar Bergmar y Fellini). Las primeras, según cuenta, por “el surrealismo, la locura sin sentido y el ingenio”. De las segundas, que conoció ya de adolescente, le impresionó su madurez:

“El cine americano era básicamente de entretenimiento y escapista. El cine europeo era más combativo y adulto. […] Nos dejó impresionados. Era una maravillosa experiencia de descubrimiento. Además nos hizo interesarnos más por los directores y la historia del cine.”
Sin embargo, el cine no era su única afición. Cuando tenía diez años le regalaron una caja de magia y empezó a obsesionarse con elaborar nuevos trucos para sus amigos. En 1952 (con 17 años) llegó incluso a hacer una gira pero con escaso éxito. Por otro lado también empezó a mandar chistes a los periódicos bajo el seudónimo de Woody Allen. Estos chascarrillos sí le valieron un trabajo fijo como guionista de reputados cómicos (lo que le sirvió de excusa para dejar los estudios, algo en lo que por otra parte nunca puso mucho empeño).

Con el tiempo acabó haciendo sketches para series populares de TV. Allí conocería a Jack Rollins y Charles H. Joffe, los que serían sus productores en la mayoría de sus películas. Con ellos decidió embarcarse en un nuevo proyecto: hacer monólogos. Los productores no estaban muy convencidos de la idea (admitámoslo el chaval no era muy atractivo ya por entonces) pero aún así le apoyaron en su nueva empresa. Como era de prever el comienzo fue más bien frío. Woody comprendió enseguida que escribir buenos chistes no era lo mismo que interpretarlos. Si quería que esos monólogos calaran en el público necesitaba acompañarlos de cierta “puesta en escena”. Fue así como nació la figura del “neurótico neoyorquino” con grandes gafas de pasta y algo despeinado. Con el tiempo, Woody se hizo muy popular y empezó a acariciar su viejo sueño de dedicarse al cine.

LAS PRIMERAS PELÍCULAS


Su éxito en los escenarios le dio la oportunidad de escribir su primer guión cinematográfico para la película “What’s new, pussycat?”(1965) . Woody no guarda muy buen recuerdo de esta cinta que, debido a las interferencias de la maquinaria de Hollywood, se convirtió en un pobre desfile de estrellas y novietas de productores.

“Un productor puede aparecer y decir: “Quien un primer plano de esa actriz la primera vez que se le vea”. Y todo el mundo se pone a discutir. Las estrellan discuten entre sí, porque piensan que los otros actores tienen un papel mayor o más importante o diálogos más divertidos. Y todo esto no tiene fin. […] Sólo una vez entre un millón funciona, pero el 99% de las veces es un desastre”.

Woody aprende la lección y se jura a sí mismo que no volverá a escribir un guión de cine a menos que él mismo dirija la película. Aún así, todavía escribiría el guión de doblaje de una película japonesa “What’s up, Tiger Lily?” (1966) (un guión que convertía una película de espías en una comedia, un experimento que bien podría ser el precursor de “Humor Amarillo”) y una obra de de teatro llamada “Don't drink the water” antes de acometer su primera película como director.

TOMA EL DINERO Y CORRE / TAKE THE MONEY AND RUN (1969)
Woody escribió el guión de este falso documental sobre la vida de un raterillo de tres al cuarto junto a su amigo de infancia Mickey Rose. Después de un tiempo intentando sin éxito vender el guión a alguna productora, sus propios representantes Jack Rollins y Charles H. Joffe decidieron producir la película y dejar que Woody la dirigiera. La  película es en realidad una colección de sketches sobre atracos, fugas y algo de romance. En ella se observan las distintas influencias de la infancia del director: Charles Chaplin, Groucho Marx, etc. Como será habitual durante toda esta primera época la película resulta muy divertida pero deja poca huella en el espectador. La inexperiencia de Woody se hace patente en los planos puramente funcionales y sin ninguna innovación técnica más allá de usar imágenes de documentales reales en algunas escenas.



BANANAS (1971)
La segunda película de Allen es una parodia de la revolución cubana. Fielding Mellish una trabajador sin suerte conoce a una activista social de la que se enamora. Intentando impresionarla acaba involucrado en el alzamiento de un ficticio país sudamericano. De nuevo, la película es una colección de gags sin un hilo narrativo demasiado férreo. Woody comentará sobre estas primeras películas:

“No son más que ritmo rápido y chiste tras chiste y a otra cosa. […] Con ellas ganas algo y pierdes algo, porque resulta difícil implicarse con los personajes, pero resulta fácil hacer gracia”

En la película no faltan referencias a clásicos del cine como “Tiemposmodernos” (la primera escena de Fielding con la máquina), “El acorazadoPotemkin” (el carrito en las escaleras) o las escenas oníricas de Buñuel.

Haz click en la imagen para ver una escena de Bananas

SUEÑOS DE UN SEDUCTOR / PLAY IT AGAIN, SAM (1972)
Entre el estreno de su primera película y la producción de Bananas, Woody Allen escribió y participó en una obra de teatro llamada “Play it again, Sam”. Allí conoció a Diane Keaton y empezaron a salir juntos. La obra tuvo un éxito tremendo y no tardó en ser adaptada para el cine. La productora contrató al reparto original de la obra e incluso le ofreció a Woody dirigirla. Sin embargo, Woody no estaba interesado por un guión que había escrito hacía un par de años y representado más de 400 veces. Así que la dirección recayó en Herbert Ross. Este hecho hace que la película sea bastante especial y algo distinta a las demás cintas de ésta época del neoyorquino. No se trata de una colección de gags cómicos sino que narra una emotiva historia sobre un enamorado de Casablanca que, tras un traumático divorcio, intenta aprender como conquistar a una mujer con la ayuda de unos amigos… y del mismísimo Bogart. La película es una joya para cinéfilos ya que está plagada de referencias al cine clásico (especialmente a Bogart y Casablanca).  Se trata sin duda de uno de sus mejores guiones de esta época.

TODO LO QUE USTED SIEMPRE QUISO SABER SOBRE EL SEXO (PERO NUNCA SE ATREVIÓ A PREGUNTAR) / EVERYTHING YOU ALWAYS WANTED TO KNOW ABOUT SEX * BUT WERE TOO AFRAID TO ASK (1972)
“Basada” en el manual sobre sexualidad del mismo nombre, esta película se compone de siete sketches que giran alrededor de las relaciones sexuales. Gracias al generoso presupuesto de la United Artist, Allen puede contar con un plantel de lujo: John Carradine, Tony Randall, Lynn Redgrave, Burt Lancaster,… Gene Wilder protagoniza quizás el fragmento más celebrado del film interpretando a un médico que vive un tórrido romance… con una oveja. Desde el punto de vista técnico el más interesante es el tercer episodio, una parodia del cine italiano de la época, que le obliga al director a jugar con los planos y las sombras aunque sólo sea por pura diversión y sin ninguna intención artística. Otro sketch que se ha convertido en icónico es la pieza final donde se narra el acto sexual “desde dentro” (al estilo “La vida es así”). Woody Allen disfrazado de espermatozoide es una de las escenas más recordadas.


EL DORMILÓN (SLEEPER) (1973)
(ver el comentario del principio)

LA ÚLTIMA NOCHE DE BORIS GRUSHENKO (LOVE AND DEATH) (1975)
Su siguiente película es una sátira de la literatura rusa de Tolstoi y Dostoievski. Boris es un joven ruso enamorado de su prima (Diane Keaton) que es obligado a alistarse en las guerras napoleónicas. Según el propio Allen es su película más divertida de ésta época y está plagada de guiños a la literatura y el cine europeo con algunas parodias de Bergman y Eisenstein. También hay giños a Chaplin, los hermanos Marx y Bob Hope (todos ellos personajes admirados por Allen).

                La película se rodó en Francia y en Hungría e incluyó una miríada de extras. Todos los problemas que conllevó el rodaje hicieron que el director abandonara este tipo de grandes empresas durante mucho tiempo.


Esta es la última de las comedias puras basadas en gags del director. A partir de 1975, cansado del humor absurdo Woody empieza a interesarse por otro tipo de películas más intimistas y emotivas. Fue así como nació Annie Hall, pero eso es otra historia para otro momento…

#924. Titanic (1997)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 55
Restantes: 946
Vista en: 14/15 de Abril de 2012.
Lugar: Cinema 2000 (Granada).




"Jack! This is where we first met/
¡Jack! ¡Aquí fue donde nos conocimos!"


Hoy se cumplen exactamente 100 años del hundimiento más famoso de la Historia. Sin duda, parte de esta fama se debe a las más de 1.500 personas que perdieron la vida en él (lo que lo convierte en el peor desastre naval en tiempo de paz). Sin embargo, mucha de esa fascinación que rodea a la historia del hundimiento (la velocidad excesiva, los escasos botes salvavidas, la radio desconectada, etc.) está imbuida de ciertos tintes morales, casi de castigo bíblico (hay mucho de Babel en ella) que siempre la hacen atractiva al público en general.

Así lo debió pensar James Cameron cuando les propuso hacer la película más cara hasta la fecha a los directivos de la Fox. Estos no las tenían todas consigo. ¿El director de Terminator y Aliens quiere 200 millones de dólares para hacer "Romeo y Julieta" en un barco? Pero no era un barco, era El Titanic y James Cameron no quería hacer una película del Titanic sino La película del Titanic. Quería que los espectadores sintieran en sus carnes la magnitud del desastre y toda su injusticia. Y no cabe duda que lo consiguió. Hoy día, nadie sabe que hubo hasta 14 películas del hundimiento anteriores a ésta y otras 8 desde su estreno (incluido un Titanic II que es mejor no recordar). Todo eso da igual, la película de James Cameron es la que siempre estará asociada con el fatídico crucero en la mente de todo el mundo.

Y esta asociación no se debe a que la peli haga un relato pormenorizado de los hechos históricos relativos al naufragio; sino porque supo capar la mística del Titanic. Ese cuento moral al que aludía al principio se mezcla perfectamente con un drama clásico de un amor imposible, condenado desde el principio, con unos personajes arquetípicos: el malo malísimo, el chico bohemio con el corazón de oro y la chica dividida entre su corazón y el deber. Sí, es Romeo y Julieta otra vez, pero los romances imposibles siempre funcionan.

Y una gran parte de esto se debe a las actuaciones de unos jovencísimos Leonardo DiCaprio y Kate Winslet cuya inexperiencia se suple con la naturalidad de sus reacciones, como ese nerviosismo palpable en las escenas románticas. Son dos jóvenes descubriendo el amor pero sobre todo son dos actores aprendiendo el oficio.

Ese romance tan bien trabajado durante la primera parte del film le confiere un dramatismo excepcional al momento del hundimiento en sí. Esas dos horas narradas casi a tiempo real donde el agobio va en aumento a medida que sube el agua en el barco. Las escenas de la gente agolpándose en los botes o tirándose por la borda. La banda tocando incansable hasta el final. Los dos enamorados aguantando juntos hasta el último momento. Todas las escenas tienen tintes épicos y el espectador vive cada momento a través de los ojos de Rose y Jack. No es una película de desastres donde gran cantidad de gente anónima muere sin que el público derrame una lágrima. Son dos jóvenes que están empezando a vivir; que durante tres horas los hemos visto enamorarse, sufrir, reír y, sobre todo, luchar por seguir juntos. Una lucha sin esperanza, condenada por fuerzas más allá de su control. Es esa desesperanza la que le da al público la medida real de la terrible injusticia del suceso. Más de 1.500 vidas terminadas demasiado pronto, más de 1.500 historias como la de Jack y Rose acabadas para siempre. Hay y habrá películas más fieles sobre el naufragio pero ninguna contendrá tantas emociones ni sabrá transmitir la magnitud de la tragedia como la 1997.  

La película acabó siendo la más taquillera de la historia durante mucho tiempo. Incluso ayer cuando fui a ver la nueva versión en 3D pude comprobar cómo mucha gente joven se sigue sintiendo atraída por esta historia intemporal. Y es que, por muy duro que se sea, es imposible no sentirse conmovido por ese amor inquebrantable, irredento y completamente inolvidable.

#1. Le voyage dans la lune / El viaje a la luna (1902)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 54
Restantes: 947
Vista en: 2008.
Lugar: No quieras saberlo.



Comenzamos aquí una serie de monográficos sobre los Orígenes del Cine usando como hilo conductor las primeras películas de la lista. Esperamos que les gusten.

Una tarde de diciembre

Aquel 28 de diciembre de 1895 el Boulevard des Capucines de París estaba atestado de gente. Ni la inestabilidad política ni las numerosas guerras que se estaban produciendo por todo el mundo y que en labios de algún agorero presagiaban el fin del mundo con el cambio de siglo, disuadían a los parisinos de entregarse con afán al consumismo propio de las fechas. Entre los atrayentes escaparates de las tiendas, en una equinita, se erigía el elegante Grand Café. Lugar común de reunión de la gente de clase que salía de la Opera o de la Iglesia de la Madeleine. Aquel día, sin embargo, había algo distinto en el Café. Inadvertido para la mayor parte de los viandantes se había colocado un pequeño cartelito que decía lo siguiente:
“Este aparato inventado por los señores August y Louis Lumière. Permite recoger, en series de pruebas instantáneas, todos los movimientos que, durante cierto tiempo se suceden ante el objetivo, y reproducir a continuación estos movimientos proyectando a tamaño natural, sus imágenes sobre una pantalla y ante una sala entera”
La mayoría de las personas que se tomaban la molestia de acercarse a leer el cartelito, no parecían impresionadas por la profusa descripción y continuaban su camino. Al fin y al cabo aquello era París, si algo no faltaba eran charlatanes y embaucadores que mediante algún juego de luces y espejos, conseguían embelesar a los pueblerinos a los que procedían a continuación a esquilmar hasta el último franco. George lo sabía bien, muchos le consideraban uno de ellos. En ese momento su carrera como ilusionista estaba en lo más alto; sin embargo tendría que encontrar pronto un nuevo espectáculo si no quería que su popularidad empezara a decaer. Por esa razón decidió entrar en el Grand Café aquel día y bajar los escaloncitos hasta el Salón Indien.


En la entrada un hombre de joven de unos treinta años con unos anteojos y prominente bigote le pidió un franco por la entrada. El Salón parecía bastante pequeño. Habían colocado varias filas de sillas plegables frente a un lienzo blanco apoyado en un caballete.  En el otro extremo de la sala justo opuesto al lienzo había un aparato parecido a una cámara fotográfica pero de mayor tamaño y con una palanca sobresaliendo de uno de sus laterales.  Observando minuciosamente cada parte de la máquina se encontraba un hombre de aspecto bastante parecido al de la puerta. La sala se encontraba prácticamente vacía, en total debía haber una treintena de personas. George reconoció algunos rostros, el señor Thomas, el director del Museo de Cera Grévin, el señor Lallemand, director del Folies Bergère (una sala de variedades) y Clément Maurice, reconocido fotógrafo de celebridades. Todos parecían incómodos de estar allí. Como si tuvieran cosas más importantes que estar allí perdiendo el tiempo con un juguete de física recreativa.

No sabiendo qué esperar, George tomó uno de los asientos centrales y al cabo de un rato el hombre de la puerta anunció a los presentes que la exhibición iba a comenzar. A continuación las luces se apagaron. La máquina del fondo comenzó a hacer ruido al tiempo que un haz de luz salía de la lente e iba a impactar contra la superficie blanca. Al principio, George sólo vio lo que parecían unas sombras en movimiento. Entonces empezó a distinguir algo. Era una muchedumbre, montones de personas saliendo de la pantalla. La gente en la sala se quedó completamente en silencio, extasiada. Una mujer se levantó para ceder el paso a los recién llegados. Pero en realidad no había nadie, sólo imágenes, fantasmagorías extraídas del exterior y lanzadas contra el lienzo por el aparato del fondo. Las imágenes cambiaron, dando lugar a un jinete tratando de montar un caballo. Pero George ya no estaba prestando atención. Su mirada se había desviado hacia el infinito; tratando de abarcar todas las nuevas posibilidades del invento de los Lumiéres…


¿Para qué sirve una cámara?

Según relata el propio George Méliès  una vez acabada la histórica velada se acercó a los Lumière y les ofreció 10.000 francos por una cámara. Los hermanos los rechazaron de plano (aquel día recibirían ofertas incluso mayores) según se cuenta con la frase “este invento sólo es una curiosidad científica sin ningún futuro”. La veracidad de dicha frase es cuestionable pero lo cierto es que para ser un invento “sin futuro” los Lumiére supieron sacarle una rentabilidad tremenda. Habían alquilado aquel saloncito del Grand Café por 30 francos y, aunque aquella noche sólo habían sacado 35, para la semana siguiente los ingresos diarios alcanzaban ya lo 2500 francos. La gente se agolpaba en colas enormes para poder ver una sesión de menos de 15 minutos. Además cuando salían a la calle buscaban amigos entre los viandantes para poder llevarlos a conocer la nueva experiencia.

¿Y qué era lo que tanto atraía a aquella gente al Salon Indiéen? Pues ni más ni menos que lo mismo que se podía ver en la calle todos los días: obreros saliendo de fábricas, partidas de póker, salidas y llegadas de trenes,… Porque en realidad lo que les atraía no eran los temas de aquellas peliculitas (que ninguna pasaba del minuto) sino el realismo con el que aquél aparato mágico reproducía las imágenes,  aquellas luces y sombras que se mezclaban para hacerte creer que estabas en otra parte. Poco a poco la gente fue demandando nuevas películas y los Lumière enviaron emisarios con cámaras a todos los rincones del globo. Así pronto la selva ecuatoriana, el desierto del Sahara o la estepa siberiana empezaron a tener cabida en la sala de proyección. Además se empezaron a registrar eventos sociales e históricos, como la Coronación del Zar Nicolas II dando origen así a los boletines de noticias.

En cuanto al perfil de la gente que acercaba al cine en un principio era una población muy diversificada: (aristócratas y gente adinerada se mezclaban con obreros y campesinos); pero pronto el cine conquistó las ferias y los music-halls con que el espectáculo se popularizó y así lo hicieron también los temas.  Un día a uno de los productores se le ocurrió grabar a una mujer desnudándose (nada demasiado pornográfico ya que ésta se quedaba en ropa interior que teniendo en cuenta la época todavía hacía falta echarle mucha imaginación) y encontró un autentico filón. Las películas subidas de tono entonces empezaron a amontonarse dando lugar a una pujante industria que ya nunca abandonaría el cine.  



Pero aparte de documentales más o menos castos y algún que otro intento de narrar historias bíblicas, nadie tenía mucha idea de qué hacer con un cámara. Realmente no existía una voluntad de contar historias. La cámara se ponía en algún sitio concurrido, se encendía, se recogía lo que pasara y eso era todo. “Grabar la vida tal cuál es” esa era la premisa con la que trabajaban los Lumière. Los pocos procesos creativos de la época surgieron por casualidad. Un operador se deja la cámara encendida en el tranvía e inventa el travelling. Un proyeccionista se equivoca montando una película y provoca que un muro se reconstruya sólo… Pero sólo eran curiosidades para el divertimento fugaz del público. Los Lumière proyectaron su última película en 1900 y se retiraron (bastante ricos eso sí) creyendo que ya habían explotado todo lo que se podía explotar con una cámara.  Gracias a dios vivirían para ver su error.

¡Mirad lo que puedo hacer!

George Méliès
Aquel día de 1895 George Méliès se quedó sin su cámara; pero eso no lo desanimó. El director del teatro Houdin siguió buscando una forma de conseguir una de aquellas maravillas tecnológicas. A la semana siguiente llegó a su conocimiento que un científico británico, Robert William Paul había desarrollado una cámara muy parecida a la de los Lumière. Además este señor no tenía ningún problema en venderle uno de sus Bioscopios (así los llamaba él) al “módico” precio de 1000 francos.
Así, por un décima parte de su oferta inicial, Georges tenía por fin su cámara. Entonces se enfrentó al mismo dilema de siempre ¿qué hacer con ella? En un principio, se dedicó a tomar escenas naturales al estilo Lumière, salidas de trenes incluidas. Un día de 1896, Georges estaba grabando en la plaza de la Ópera cuando el condenado aparato se atrancó. El ilusionista consiguió arreglarlo rápidamente y la máquina siguió con la película. Cuando volvió a casa y pasó la cinta, descubrió asombrado que como algunas personas desaparecían de pronto y un autobús se convertía en un coche fúnebre. Había descubierto sin proponérselo un truco de cine: el paso de manivela o stop-motion. Este truco, que es ni más ni menos que parar el rodaje cambiar la escena y seguir, es la piedra angular del cine de animación y de otros trucos como la sustitución.

Como buen mago, Méliès sabe sacar jugo de su decubrimiento y empieza a producir “escenas de transformaciones” que dejan al público perplejo (al fin y al cabo el púbico al igual que los Lumière todavía piensa que el cine solo “graba la vida tal cuál es”).  Gracias a este sencillo truco Méliès pudo grabar a señoras que desaparecen, mujeres que se transforman en el diablo y coches que atraviesan muros.

Pero la cosa no acabó ahí. Otra técnica desarrollada por Méliès fue el de la sobreimpresión. En este truco, primero se rueda la imagen que se quiere sobreimpresionar sobre un fondo oscuro y a continuación se utiliza la misma cinta para grabar la escena del fondo. Con este mecanismo Méliès consiguió grabar “fanstamas”, multiplicarse. Hay que decir que aunque el truco parezco un poco burdo, requería una coordinacinación muy grande ya que en cada toma Méliès tenía que recordar el punto exacto donde se encontraba en las tomas anteriores para hacerlas coincidir a la perfección.



Como se puede apreciar, todas las películas se ruedan sobre un escenario con una cámara fija desde la platéa. Los cineastas de esta época todavía no comprendían la diferencia entre el nuevo arte y el teatro. Sin embargo, Méliès sí aprendió a mover la cámara y cambiar los planos, aunque sólo fuera para hacer crecer objetos, otro de sus trucos.




Además de sus aportaciones técnicas (a las que hay que unir la utilización de decorados, maquetas y el coloreado manual de los fotogramas), Méliès tambíen fue el fundador de varios géneros cinematográficos como la ciencia ficción, el género fantástica o el cine de terror. Así, por ejemplo, suya es la primera película de terror de la historia (con vampiro incluido): La Manoir du Diable (1896).



Méliès también creó el primer estudio de cine de Europa. Era una especie de invernadero con las paredes de cristal para permitir la entradas de la luz natural (más adelante se le incorporaría un rudimentario tendido eléctrico). Ahí dentro inició una serie de películas más ambiciosas en las que combinando el uso de las técnicas aprendidas (y que hasta ahora habían sido el fin último de su obra) acometió la tarea de contar historias. Historias principalmente de índole fantástico como Cenicienta (que le supuso un gran reconocimiento internacional), 200.000 leguas bajo el mar o El viaje a la Luna (que es la película que nos ha servido de excusa para este especial). Esta última era lo que para la época se podía considerar una “superproducción” con una duración de unos espectaculares 12 min! (cuando la mayoría de películas de esta época no duraba más de 3) y un coste de 10.000 francos. La película supone un hito de la incipiente historia del medio en tanto que tiene la voluntad de narrar algo. Las distintas escenas puestas una tras otras (aunque sin mucho orden, véase el doble alunizaje, por ejemplo) poseen un propósito y un argumento colectivo. No son ya escenas naturales o simples trucos de ilusionismo; sino que por primera vez se empieza a usar el cinematógrafo para hacer cine (aunque la primera película en su concepción actual todavía queda lejos).



La película fue un aténtico bombazo e hizo muldialmente famoso a Méliès. Desgraciadamente, en el plano económico, no le reportó los beneficios que esperaba debido a que Edison y su cuadrilla (ya tendremos ocasión de hablar de estos señores en el próximo capítulo) hicieron copias no autorizadas y la distribuyeron impunemente. A resultas de ésta y otras funestas empresas, Méliès acabó arruinado y terminó sus días llevando una juguetería en la estación de Montparnasse.  Un triste final para unos de los padres del séptimo arte.

Gracias a George Méliès el cine dio otro paso de gigante para convertirse en un arte. Lo dotó de una imaginación de la que sus progenitores carecían y supo ver y hacer ver que aquel aparato de física recreativa sí tenía futuro y era un futuro lleno de magia.

Extras

#266. 雨月物語 / Ugetsu Monogatari / Cuentos de la luna pálida (1953)


Ficha técnica: IMDB Wikipedia  Filmaffinity
Vistas: 53
Restantes: 948
Vista en: 2011.
Lugar: Facultad de Ciencias (Universidad de Granada).



Genjurô y Miyagi son dos aldeanos del Japón feudal. Uno trabaja de alfarero y sueña con hacerse rico y el otro aspira a ser un sámurai reconocido. Sus sueños se verán truncados y sus familias separadas debido a las guerras civiles que asolan el país.

Una encantadora película donde lo cotidiano se mezcla con lo sobrenatural. El ambiente casi mágico que rodea a los personajes le confiere cierta cualidad etérea que casa muy bien con lo que está contando. La historia tiene un poco de cuento de hadas y mucho de fabula moral, defendiendo los valores familares frente a la ambición y los placeres pasajeros. Así, los personajes, guiados por su sueños y ambiciones personales, dejan de lado el hogar familiar y sus responsabilidades y esto tendrá consecuencias nefastas en su vida y en sus seres queridos. Consencuencias de las que, como no podía ser de otra forma, sólo serán conscientes al final. Resulta cautivadora y dentro de lo que suele ser el montaje japonés tradicional, no se hace demasiado lenta.

En Occidente se la conoce por ser uno de los primeros films japoneses en tener gran repercusión más allá de sus fronteras, llegando a ganar el León de Plata a la Mejor Dirección y a estar nominada a los Oscars (eso sí sólo por Vestuario en B/N y no ganó, una pena).

Su director, Kenji Mizoguchi, fue uno de los padres del cine japonés. Esta película corresponde a su última época cuando, dejando al margen los temas reivindicativos y sociales, se interesa por los dramas de época y espirituales. Su estilo se caracteriza por planos largos y escenarios recargados con atención casi obsesiva por los detalles. Estás características se pueden observar bien en la película.

En definitiva una película muy recomendable tanto por su historia como su relevancia histórica.
 
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